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jueves, 14 de diciembre de 2017

LAS CARRETERAS DE NEPAL. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

LAS CARRETERAS DE NEPAL. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza 

    "Bus, en Asia, quiere decir que estamos en la parte más peligrosa, sin duda, de toda la expedición. Nos aguardan diez mil curvas y puertos, adelantamientos a ciegas y una mecánica muy poco fiable. En la carretera sólo cabe uno, así que cuando dos vehículos se han de cruzar, ambos conductores aceleran a tope… y cuando el más cobarde se aparta, es abucheado por sus compinches. El año pasado, en Pakistán, un amigo llamado Antxón se hartó después de un buen rato de conducción suicida. Se acercó al conductor y le metió un buen meneo, diciéndole: «Tú, pedazo de cabrón, que yo tengo tres hijos…». El conductor no se inmutó, y sonriendo mientras aceleraba un poco más respondió: «¿Ah sí?, pues yo ocho…».


LUIS COMPANYS. APÓSTOLES Y ASESINOS, de Antonio Soler

LUIS COMPANYS. APÓSTOLES Y ASESINOS, de Antonio Soler

  "El siglo XX da sus primeros y equívocos pasos y el joven Companys, guiado por los preceptos de la familia, comienza a trabajar como pasante en el bufete de su tío Sebastián. Pero aquel despacho con aire de funeraria de lujo produce asfixia al burbujeante Lluís. A pesar de ello, se queda allí hasta altas horas de la madrugada estudiando no los casos en sí, sino las argucias que usa la gente principal de Barcelona para solventar sus negocios y sus batallas judiciales.
«Ese sitio donde trabajo no es un bufete de abogacía sino un hipódromo donde se saltan obstáculos legales. Y con qué elegancia», le cuenta a Layret.
«¿Los derriban? Los obstáculos, digo. ¿Los derriban?», pregunta el inválido.
«No. Nada. Todo es limpio.»
Layret asiente, desaprobando. Cuestiona:
«Limpio según las normas del hipódromo.»
«Exacto. Eso es. Según las normas impuestas por los dueños del hipódromo nacional.»"

miércoles, 13 de diciembre de 2017

POR QUÉ VAMOS A LA MONTAÑA? BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

POR QUÉ VAMOS A LA MONTAÑA? BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza 

    "...hace años que sé que andar a través de las montañas salvajes es un camino hacia la liberación. O quizá «hacia la iluminación», diría un budista. «No, hacia la redención», responderá el cristiano. Que más me da a mí. Las montañas nos liberan, nos iluminan, nos redimen. Las montañas nos hacen ser como somos, nos dan y nos quitan la vida.
    ¿Por qué escalamos? Vaya pregunta más estúpida. Pues por lo mismo que reímos, amamos o lloramos. Porque vivimos."

lunes, 11 de diciembre de 2017

KARAKORUM. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

KARAKORUM. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

    "...ese lugar mágico que se llama Concordia, el punto donde confluyen en una armonía imposible tres glaciares inmensos, donde el tiempo se detuvo hace siglos. Los sueños, si nacen en alguna parte, debe ser por aquí cerca."
Broad Peak desde Concordia, Karakorum, Pakistan

LOS CLARETIANOS EN GUINEA. UN GUARDIA CIVIL EN LA SELVA, de Gustau Nerin

LOS CLARETIANOS EN GUINEA. UN GUARDIA CIVIL EN LA SELVA, de Gustau Nerin

    "Una vez, en una audiencia, se presentó ante él una mujer que quería separarse de su marido porque el hombre había desenterrado el cráneo de su hijo para preparar un filtro mágico. Ayala resolvió el asunto de la separación, pero no castigó al hombre por haber recurrido a la brujería. El teniente nunca se opuso a la realización de ceremonias rituales tradicionales, «por ser éstas inofensivas y costumbre del país».
    Años más tarde, la administración colonial cambiaría por completo de actitud y reprimiría brutalmente la religión fang. Se ordenó a la Guardia Colonial que confiscara a los fang los cráneos de sus antepasados, a los que rendían culto (creían que las almas de los muertos permanecían en la tierra para proteger a sus descendientes). A partir de 1930 se impusieron penas de cárcel a quienes poseyeran cajas con calaveras, y se recurrió sistemáticamente a la tortura para encontrar objetos rituales ocultos. Los instigadores de aquella persecución fueron los claretianos. Los mismos claretianos que veneraban, en Vic, el cuerpo de su fundador, el padre Claret. No conservaban únicamente su cráneo: guardaban el cuerpo entero, momificado. Hasta hace pocos años aún podía contemplarse aquella momia, a través de un cristal situado en el ataúd. Y al lado, en un relicario —como si de un tesoro se tratase—, los misioneros conservaban  conservaban el cerebro del santo. Nadie les sometió a persecuciones ni torturas por ello."

domingo, 10 de diciembre de 2017

LA GRATITUD. La Rochefoucauld

LA GRATITUD. La Rochefoucauld

«La única gratitud que existe en la política es la que se reserva para los favores que aún han de recibirse».

jueves, 7 de diciembre de 2017

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

FRENTE REPUBLICANO EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Estuve en la villa de Fraga, que contaba con diez mil habitantes. Los anarquistas habían quitado a todos el dinero y lo habían sustituido por unas cartillas que daban el derecho a comprar mercancías por una determinada cantidad de pesetas a la semana. Los cafés estaban abiertos, pero no se servía nada; simplemente, uno podía sentarse un rato y luego marcharse. Un médico me contó que había querido encargar en Barcelona un libro de medicina; el presidente del comité le respondió: «Si demuestras que el libro es imprescindible, te lo imprimiremos aquí, tenemos una imprenta. No tenemos relaciones comerciales con Barcelona». En Pina también se abolió el dinero y se estableció un complicadísimo sistema de cartillas; había cartillas que daban derecho a cortarse el pelo y afeitarse. Muchos miembros de esos comités eran sinceros y entusiastas, pero sabían poco de economía. En el pueblo grande de Membrilla (La Mancha), los anarquistas, una vez abolido el dinero, declararon que cada familia, de media, constaba de cuatro personas y media, y por consiguiente, para simplificar la burocracia, cada familia recibiría víveres para cuatro personas y media.
    En una pequeña ciudad de Aragón el comité decidió llevarse las vías del ferrocarril, dado que los habitantes lo utilizaban poco y el humo de las locomotoras envenenaba el aire. Los anarquistas en el frente, al enterarse de esta decisión, se inquietaron: tenían que recibir víveres y municiones de la retaguardia; las vías no fueron arrancadas.
    Nosotros organizábamos sesiones de cine tanto en las plazas —una pared blanca servía de pantalla— como en una iglesia que de milagro permaneciese intacta, o en los comedores. Los anarquistas adoraban Chapáiev. Después de la primera velada suprimimos el final de la película: los combatientes jóvenes no podían aceptar que Chapáiev muriese. Decían: «¿Para qué vamos a combatir si los mejores mueren?». Stefa traducía el texto; a veces la interrumpían exclamaciones del tipo: «¡Viva Chapáiev!». Recuerdo que una vez un anarquista gritó: «¡Abajo el comisario!», y todos se pusieron a aplaudir. Por enésima vez comprendí que el arte apela ante todo al corazón: en la película, Chapáiev es un héroe y Fúrmanov un palabrero.
    No obstante, la película tenía a veces resultados prácticos: en una unidad, terminada la sesión, decidieron ser más prudentes en el futuro y apostar centinelas durante la noche."


LA ASCENSIÓN AL CHO OYU. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

LA ASCENSIÓN AL CHO OYU. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza 

"...Por mi parte, estoy encantado de haber escalado una montaña de ochomil metros en un estilo decente, sin molestar a nadie y pagándomelo todo yo, de mi bolsillo y del de la bolsa de Nueva York. El Cho Oyu me ha hecho un gran regalo. He aprendido que sin arriesgar algo es imposible ganar algo. También sé que sin conciencia de la muerte la vida resulta trivial. Que no quiero en ningún caso vivir una existencia vicaria. Una vez más he arriesgado voluntariamente mi vida y me he justificado, sobreviviendo."
Cho Oyu

martes, 5 de diciembre de 2017

APRENDER VIAJANDO. SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo

APRENDER VIAJANDO. SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo

    "Al descansar mi molido cuerpo entre las sábanas de aquel confortable hotel salteño, mi último pensamiento consciente fue que viajar enseña. Enseña, entre otras muchas cosas, a no juzgar con regla fija. Lo que en un lado es blanco, en otro puede ser negro. Al igual que el blanco radiante del Salar de Uyuni se podía convertir en una negra cárcel de oscuro futuro, nuestras creencias nos convierten en prisioneros, amarrandonos con las cuerdas de nuestros propios valores"


LA RUSIA DEL FUTURO. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

LA RUSIA DEL FUTURO. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Todo el mundo quería saberlo todo. Existen muchos libros que describen cómo se toman al asalto las fortificaciones, los cuarteles, las fortalezas. Por aquel entonces el pueblo tomaba al asalto los conocimientos. Mujeres viejas pasaban el rato inclinadas sobre los silabarios. Los manuales de texto llegaron a ser tan escasos como los incunables. Las instituciones de enseñanza superior estaban atestadas de jóvenes entusiastas. Era imposible entrar en una sala de conferencias; el auditorio del Museo Politécnico estaba hasta la bandera: era como tratar de subirse a un tranvía desvencijado. Se bombardeaba a los conferenciantes con preguntas formuladas por escrito. La gente pedía información sobre las huelgas en Westfalia, sobre la teoría de los reflejos de Pávlov, el suprematismo, la lucha por el petróleo, la eugenesia, las rimas de Maiakovski, la teoría de la relatividad, las fábricas Ford, la posibilidad de vencer a la muerte y un sinfín de temas.

    El camarada Adán consiguió carbón y empezaron a caldear el Kniazhi Dvor. Por la noche recibíamos en nuestra habitación a algunos amigos. Casi cada noche venía B. L. Pasternak, que vivía en la casa de al lado. Discutíamos acerca del devenir de los acontecimientos mundiales, la lucha entre futuristas e imaginistas, la pintura de Rozánova y Altman, los montajes escénicos de Meyerhold: queríamos pasar una página de la historia.

    Con frecuencia me sentía confundido y me contradecía. Me entusiasmaban las ciudades del futuro, que se asemejarían a los diseños de Tatlin, pero en calidad de Pablo Saúlovich escribí: «Diviso una ciudad terrible, una colmena, celdas de cristal y acero sin rostro y, en las calles ruidosas, carnavales como desfiles militares. Por los solares se alargarán las sombras de las espirales de tiempos venideros. El yugo de las ecuaciones meditadas y el hormigón de un nuevo paraíso».

  Entre los montones de nieve de los callejones moscovitas, vestido con mi pelliza teñida parcialmente con betún, tenía la férrea seguridad de que todos esos proyectos se harían realidad y que una nueva y extraordinaria ciudad se levantaría en el lugar de las casitas torcidas de madera, que tan bien conocía desde la infancia. De haber tenido diez años menos, habría reído entusiasmado; pero hijo de 1891, representante ordinario de la intelligentsia de la Rusia prerrevolucionaria, puesto que recordaba desde la infancia las palabras de Korolenko de que «el hombre está hecho para la felicidad como las aves están hechas para volar», a menudo me sentía atormentado por las especulaciones sobre cómo sería la vida del hombre en las ciudades del futuro.

    En mi interior luchaban lo patético y la ironía, la fe y la lógica. Una vez me encontré a un huésped belga en la tercera residencia comunal del Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores. Me habló del lamentable estado de nuestro transporte y las ventajas de una constitución garantista. Contesté con vehemencia que el mundo burgués estaba condenado, que un bautizo humilde era mucho más apetecible que un opulento funeral. Me llamó fanático. Pero, a decir verdad, no me parecía en nada al chico de dieciséis años que se había reído de Nadia Lvova porque admiraba los versos de Blok. Muchas cosas me preocupaban e incluso me causaban indignación: la tendencia a la simplificación, la intolerancia, el desdén por la cultura del pasado, la frase que oía con mucha frecuencia: «¿A qué viene toda esta cháchara? Todo está claro». Pero ahora sabía que la historia no se hace por arte de magia, ni como uno quiere, ni como en las hermosas novelas decimonónicas. Sabía que mi destino estaba íntimamente ligado al destino de la nueva Rusia."